El hábito de la lectura está más cerca de ti de lo que imaginabas en tu juventud.
¿Alguna vez te has parado a pensar por qué la gente madura tanto en su juventud?
Entre los 18 y los 25 años, nuestro cerebro se encuentra en las últimas etapas de su desarrollo, y en él ocurren cosas interesantes. La corteza prefrontal, responsable de la toma de decisiones, madura. Nuestras fibras nerviosas se fortalecen y comenzamos a procesar la información con mayor eficiencia. Las conexiones neuronales obsoletas se sustituyen por otras nuevas y mejoradas, lo que facilita el aprendizaje.
Cuando aplicamos estas nuevas capacidades cerebrales al hábito de la lectura, este se vuelve mucho más accesible. Ahora podemos:
· Comprender textos más complejos;
· Leer más rápido;
• Para retener mejor lo que leemos;
• Para resistir mejor el impulso de detenerse o las distracciones;
• Planificar y organizar la lectura en nuestra rutina.
Si aún eres joven y no tienes el hábito de la lectura, ¡ahora es el momento ideal para adquirirlo! Podemos aprovechar el desarrollo cerebral de nuestra infancia para dominar el hábito de la lectura mediante cuatro claves:
· Planificación: Así como la práctica de un deporte, la lectura debe incluirse en nuestra rutina, con un tiempo dedicado a ella. Comience de a poco, quizá con sesiones de 15 minutos de lectura, y poco a poco permita que gane espacio en su agenda.
· Comodidad: ¿Qué tal transformar tu tiempo de lectura en un momento placentero donde puedas relajarte con una hermosa vista, sentado en tu sillón favorito y disfrutando de tu café o té favorito? Asociar la lectura con elementos que te brinden placer ayudará a fortalecer el hábito.
· Variedad: Intenta leer diferentes textos de distinta extensión. Por ejemplo, puedes intercalar la lectura de un libro largo con textos más breves, como noticias o artículos, que te animarán con su conclusión y te darán una sensación de completitud.
· Estrategia: Elige textos sobre temas que te interesen o que te ayuden a alcanzar un objetivo. Antes de empezar a leer, haz una lectura previa; es decir, revisa los títulos del texto, comprueba su extensión y lee algunos fragmentos que te llamen la atención. Esto te ayudará a prepararte para sumergirte de lleno en ese libro.
Si no sabes por dónde empezar a desarrollar el hábito de la lectura, la Biblia es un excelente punto de partida. Además de ser una auténtica biblioteca de textos de diferentes géneros y longitudes, es la herramienta principal para alcanzar la meta de todo cristiano: ser cada vez más como Jesús.
¿Qué tal aprovechar el pico de desarrollo de tu cerebro y adquirir el hábito de la lectura?




